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La nueva señal del empobrecimiento en España: el 5,4% de los hogares no puede permitirse un coche

El 5,4% de hogares/personas según la fuente de 2025 no puede permitirse disponer de automóvil. Explicamos qué mide realmente ese indicador y por qué no equivale a dejar de comprar coche nuevo.

Por Redacción4 min de lectura
no poder permitirse un coche en España

Un indicador social retrata un límite que el sector del automóvil no siempre muestra en sus anuncios: el 5,4% en España declaró en 2025 que no podía permitirse disponer de un coche particular, una décima más que el año anterior, según el dato citado por THE OBJECTIVE. No significa que el 94,6% restante esté en condiciones de comprar un vehículo nuevo: disponer de automóvil y financiar un estreno son preguntas distintas.

El titular “ni casa ni coche” expresa una experiencia reconocible para muchas familias, pero mezclar ambos mercados puede ocultar sus mecanismos. El encarecimiento de la vivienda reduce el margen para ahorrar una entrada; el coche añade cuotas, seguro, combustible o electricidad, mantenimiento y aparcamiento. El presupuesto doméstico no separa estas facturas por secciones de un diario.

Qué mide exactamente “no poder permitirse un automóvil”

La Encuesta de Condiciones de Vida del INE utiliza la incapacidad económica para disponer de determinados bienes como indicador de privación material. Es diferente de no tener coche por preferencia, por vivir cerca del transporte público o por no necesitarlo. También es diferente de no poder pagar la versión nueva de un modelo concreto.

Por esa razón, la cifra del 5,4% citada en la información de referencia no debe utilizarse para concluir cuántos españoles han renunciado a comprar coche en 2025. Para responder a esta segunda pregunta harían falta datos de matriculaciones, mercado de ocasión y encuestas específicas de intención y capacidad de compra.

El coste real supera la cuota del concesionario

Una oferta con una mensualidad atractiva puede esconder entrada, plazo largo, cuota final, financiación vinculada y servicios asociados. El comprador debería preguntar cuánto pagará en total si mantiene el préstamo hasta el vencimiento y cuánto le costaría comprar al contado. Una cuota pequeña no vuelve barato al coche.

Conducirlo también cuesta. El seguro cambia según conductor y cobertura; la energía depende de recorrido y tarifas; los neumáticos, las revisiones y las averías forman parte de la cuenta. Quien necesita el coche para trabajar no puede tratar esos gastos como opcionales.

Vivienda y automóvil compiten por el mismo ahorro

La falta de acceso a vivienda en propiedad no implica automáticamente que una persona no pueda comprar coche. Sin embargo, un alquiler alto o una hipoteca más exigente dejan menos espacio para la entrada, la financiación y los imprevistos de movilidad. El problema no se resuelve mirando únicamente el precio del vehículo: importa la renta disponible después de pagar lo básico.

Esta relación es especialmente visible en familias que necesitan varios desplazamientos diarios o en lugares con transporte público limitado. Al mismo tiempo, hay hogares urbanos que eligen no disponer de coche y no forman parte de la privación económica. No confundamos una elección con una carencia.

Qué conviene comparar antes de comprar

  • Precio al contado: el coste de salir con el coche sin préstamo.
  • Financiación completa: entrada, mensualidades, comisiones y pago final.
  • Coste de uso: seguro, energía, mantenimiento, impuestos y aparcamiento.
  • Alternativas: coche de ocasión, transporte público o cambiar menos kilómetros al año, cuando sea viable.

Si buscas un modelo nuevo de precio contenido, nuestro análisis de coches chinos desde menos de 20.000 euros distingue precisamente entre contado y ofertas condicionadas. Y en esta comparativa del BYD Dolphin Surf frente al Leapmotor T03 explicamos cuándo dos precios anunciados dejan de ser comparables por las condiciones de financiación. El precio destacado en publicidad no siempre es el dinero que acabará saliendo de tu cuenta.

La cifra de privación no describe a todos los conductores, pero obliga a formular una pregunta más útil que “¿cuánto es la cuota?”: ¿cuánto queda para vivir después de tener coche? Cuando la respuesta es insuficiente, el mercado no está ofreciendo movilidad asequible, aunque la publicidad prometa lo contrario.

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