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Isaac Morales pone fecha al sablazo de la luz y el agua: «En 2030 pagarás mucho más»

Por Redacción5 min de lectura
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El analista Isaac Morales lanza una seria advertencia de cara a 2030: la factura de la luz, la potencia contratada y el agua podrían encarecerse considerablemente durante los próximos años ante el fuerte crecimiento previsto de los centros de datos y de las infraestructuras vinculadas a la inteligencia artificial.

Isaac Morales alerta de lo que puede pasar con la luz y el agua antes de 2030

«Atento al pronóstico que hago de aquí a 2030, porque vais a pagar caro tanto la luz como el agua, si no me equivoco», comienza explicando Morales en un vídeo difundido a través de redes sociales.

Su análisis parte del enorme crecimiento que, según expone, experimentarán los centros de datos durante los próximos años, impulsados especialmente por la expansión de la inteligencia artificial, el almacenamiento en la nube y otros servicios digitales que requieren enormes instalaciones informáticas funcionando las 24 horas del día.

Morales pone el foco sobre dos recursos esenciales: agua y electricidad.

De 439 MW a más de 2.500 MW en apenas cinco años

El analista asegura que la potencia instalada vinculada a los centros de datos se situaría actualmente en torno a los 439 megavatios, mientras que para 2030 podría superar los 2.500 MW.

Esto supondría multiplicar prácticamente por seis la capacidad en apenas cinco años.

Un crecimiento que, según su razonamiento, tendrá consecuencias directas tanto sobre el consumo eléctrico como sobre la utilización de agua para refrigerar las enormes instalaciones tecnológicas.

«Para 2030 se estima que habrá más de 2.500 megavatios, prácticamente seis veces más», señala.

30.000 millones de litros de agua para refrigerar centros de datos

Uno de los puntos más llamativos de su pronóstico tiene que ver precisamente con el agua.

Morales asegura que el funcionamiento y refrigeración de estas instalaciones podría llegar a requerir alrededor de 30.000 millones de litros de agua.

Su conclusión económica es sencilla: si en determinadas zonas aumenta considerablemente la demanda mientras la disponibilidad del recurso permanece prácticamente estable, aparecerá una presión al alza sobre los costes.

«Si la demanda crece en cierta zona y la oferta de agua sigue siendo la misma, el precio del agua se elevará», sostiene.

No significa necesariamente que todas las tarifas domésticas vayan a aumentar automáticamente en esa proporción, ya que el precio final del agua depende de administraciones, empresas suministradoras, costes de infraestructuras y regulación local.

Sin embargo, Morales cree que el aumento del consumo industrial será uno de los factores que podría terminar presionando los precios.

El otro gran problema: la electricidad

La segunda parte de su advertencia apunta directamente al sistema eléctrico.

Los centros de datos necesitan enormes cantidades de electricidad para alimentar servidores, sistemas de almacenamiento y equipos de refrigeración.

Por eso, si la capacidad instalada aumenta de manera tan fuerte como se espera, también crecerá considerablemente la demanda energética.

Morales enumera varios posibles efectos:

  • Mayor demanda de electricidad.
  • Necesidad de construir nuevas infraestructuras.
  • Más presión sobre las redes de transporte y distribución.
  • Nuevas inversiones para ampliar la capacidad eléctrica.
  • Debate sobre quién termina pagando esas inversiones.

Y su pronóstico apunta directamente hacia el consumidor.

«Como siempre, ¿quiénes son los que la van a pagar? Los consumidores», afirma.

La saturación de la red eléctrica entra en la ecuación

Morales también hace referencia a la capacidad disponible en la red eléctrica española y asegura que una parte muy importante de los nudos eléctricos presenta actualmente limitaciones para admitir nuevas conexiones.

Este elemento resulta especialmente relevante para los centros de datos, ya que necesitan puntos de conexión capaces de suministrar enormes cantidades de energía de manera estable.

La expansión de estas instalaciones puede requerir, por tanto, importantes inversiones para reforzar redes eléctricas, subestaciones y nuevas líneas.

Y precisamente aquí aparece una de las grandes incógnitas de los próximos años: cómo se repartirán esos costes.

Morales calcula una factura de 70 euros para quien hoy paga 50

El analista va incluso más lejos y pone cifras a su pronóstico.

Según su estimación, una persona que actualmente paga unos 50 euros mensuales de electricidad podría terminar pagando alrededor de 70 euros en 2030.

Mientras que una factura actual de aproximadamente 100 euros podría acercarse a los 140 euros.

Es decir, su escenario plantea un incremento aproximado del 40%.

Morales considera que podrían encarecerse tanto el término relacionado con la potencia contratada como el precio asociado al consumo energético.

Se trata, en cualquier caso, de una estimación personal realizada por el propio analista y no de una previsión oficial de cuál será el precio de la electricidad en España en 2030.

La evolución real dependerá de numerosos factores: precio mayorista de la electricidad, desarrollo de renovables, almacenamiento energético, inversiones en redes, regulación, impuestos, evolución del consumo y capacidad disponible de generación.

La inteligencia artificial empieza a tener un impacto físico

Detrás de toda esta cuestión existe una realidad que cada vez preocupa más al sector energético: la inteligencia artificial no funciona únicamente en Internet.

Cada consulta realizada a una plataforma de IA necesita servidores físicos procesando información dentro de gigantescos centros de datos.

Esos servidores consumen electricidad y generan calor.

Y cuanto mayor sea la utilización de sistemas de inteligencia artificial, mayor será también la necesidad de capacidad informática.

Por eso empresas tecnológicas, compañías energéticas y administraciones públicas están preparando enormes inversiones en centros de datos y redes eléctricas durante los próximos años.

Isaac Morales considera que esa transformación tecnológica terminará teniendo consecuencias directas sobre recursos tan cotidianos como la electricidad o el agua.

Su pronóstico es contundente: el auténtico coste de la explosión de la inteligencia artificial podría terminar llegando también al recibo de los hogares antes de que termine la década.

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